Mira, Clara, ven a ver como nieva. Ay, debe hacer mucho frío porque
La gente va deprisa cargada de paquetes. ¿Sabes?, me gustaría que
La pobre niña de los fósforos pasase estas navidades con nosotros
¿Quién es la niña de los fósforos?, ¿una nueva amiga tuya?
Ay, ya no te acuerdas de ella. Quiero decir la niña del cuento
La pobrecita que vendía cerillas durante la Nochebuena. Anda
Ven, cuéntame otra vez su historia, ¿quieres?, por favor, Clara
Nevaba y anochecía. Hacía un frío terrible y los copos
De nieve seguían cayendo, cayendo sin parar. Era Nochebuena
Y las pocas personas que pasaban por la calle, ateridas
Volvían deprisa a sus casas cargadas de paquetes
¡Cerillas!, ¡cerillas!, ¡vendo cerillas!
En medio del crudo frío y de la oscuridad, andaba una pobre
Niña desabrigada y descalza. Al cruzar una calle se le habían
Caído, por venirles muy grandes, las zapatillas que llevaba
Puestas, y un muchacho que pasaba por allí las había robado
Burlándose de ella. Llevaba en su delantal un paquete de cajas
De cerillas que debía vender antes de volver a su casa, pero la
Gente ni le hacía caso y no había vendido nada en todo el día
¡Cerillas!, ¡vendo cerillas! Por favor
Señor, ¿una caja de cerillas?, oh, señor
Pero todos pasaban de largo. Muerta de hambre y entumecida, la
Pobrecita parecía la estampa de la desgracia. Gruesos copos de
Nieve mojaban su cabecita y los rizos rubios le caían deshechos
Por la espalda. Pero qué poco pensaba la niña en su hermosura
Veía tras los visillos almidonados de las ventanas, hermosos
Árboles adornados, velas encendidas, mesas preparadas. Se sentó
En un rincón formado por dos casas, acurrucándose bien y procurando
Abrigarse los pies con el calor de su cuerpo. Pero cada vez sentía
Más frío. No osaba volver a su casa segura de recibir una paliza
De su tía por no llevar una sola moneda y haber perdido además
Las zapatillas. Hacía saltar las cajas en su delantal por si
Alguien pasaba cerca y quería comprarle cerillas, pero era en vano
¡Martita!, soy una cerilla y estoy hecha para arder. ¿Por qué no
Me enciendes?, podría darte un poco de calor. Además, mi luz proyecta
Sobre las paredes sombras curiosas que hacen soñar a los niños
Martita encendió una cerilla. Chisporroteó hasta quedar
Bien encendida. Daba una llama caliente y brillante
Como una candela, lo notó poniendo encima sus manitas
¡Uh, qué bien se está así!, ¡ah, qué bonita luz!
Era una lumbre encantadora, y a la niña le pareció estar ante una
Chimenea con armazón de bronce y repisa de mármol. Cómo desentumecía
Sus miembros el calor. Pero la luz temblaba, y cuando fue a
Alargar los pies para calentarse, se apagó del todo y desapareció
La chimenea no quedando más que un cabo de cerilla en su mano
¡Oh, qué pena!, frotaré otra contra la pared
Nadie notará que falten dos cerillas en la caja
Se encendió y brilló con más fuerza que la anterior. La luz
Bailoteaba por las paredes y éstas parecían transparentes
Permitiendo ver el interior de la casa. En el salón había una
Hermosa mesa cubierta por un mantel blanquísimo y sobre ella
Una maravillosa vajilla de porcelana. Se percibía un rico olor
A pavo asado relleno de manzanas y ciruelas. Los niños que
Jugaban sobre la alfombra advirtieron que Martita los miraba
Eh, ven, acércate. ¿Estás sola a estas horas?, mmm, debes tener mucho
Frío y te has mojado. Anda, entra y quédate con nosotros. Mamá está
Preparando pasteles para la cena y después cantaremos ante el belén
Y jugaremos los tres. A nosotros nos gustaría
Mucho tener una hermanita, ¿verdad, Carlos?
Pero en aquel preciso instante la luz empezó a
Debilitarse y el salón y los niños iban esfumándose
¡Corre!, enciende otra cerilla que me apago
Y se apagó antes de que la niña tuviese tiempo de encenderla. Todo
Estaba de nuevo oscuro. El viento silbaba y Martita sintió miedo
Encendió otra cerilla y vio que estaba ante un maravilloso
Árbol de Navidad, más grande y más bonito que los que había
Visto en los escaparates. Las ramas verdes brillaban con
Miles de candelas, las cintas parecían bailar y ondularse
Al compás de las llamitas y las bolas desprendían reflejos
De todos los colores. Preciosas muñecas la miraban sonriendo
¡Oh, qué maravilla!, todo parece un sueño
Tendió sus manitas hacia la muñeca y la cerilla se apagó
¡Oh, todo desaparecerá ahora y volveré a quedarme sola en la calle!
Pero las candelas del árbol de Navidad subieron muy alto, hasta
Confundirse con las estrellas del firmamento, y entonces
Una de ellas cayó dejando detrás un reguero de luz
Alguien se va al cielo, pensó la niña, porque cuando su
Abuelita vivía y juntas miraban de noche el cielo estrellado
Le decía que si una estrella cae, un alma sube al cielo
¡Abuelita!, oh abuelita, llévame contigo, no quiero que cuando se
Termine la cerilla te desvanezcas como el fuego de la chimenea
El salón, los niños y el árbol de Navidad. Aquí hace tanto frío
Y se apresuró a encender todas las cerillas que contenía la caja
Y ardían con tal brío que alumbraban más que el sol. Se alinearon
Formando un camino de luz que llegó al cielo. La abuelita la
Cogió en sus brazos y se la llevó volando. Al día siguiente
Encontraron a la niña acurrucada en un rincón de la calle, con una
Sonrisa en los labios y una expresión en la cara de tanta felicidad
Que la gente pensó que era un ángel de Navidad que se había dormido