Una vez había un burro que durante muchos años había servido a
Su dueño transportando sin parar sacos y más sacos de trigo al
Molino. Naturalmente, con el paso del tiempo, empezaron a
Faltarle las fuerzas, de manera que cada vez resultaba menos
Útil para el trabajo de carga que hasta entonces llevó a cabo
Tampoco llegó a servir, que el molinero pensó en deshacerse de él
El burro se dio cuenta de que lo iba a pasar mal, y como a pesar
De sus muchos años quería seguir viviendo, se escapó de la cuadra
Encaminándose hacia la ciudad de Brema. A nuestro amigo le
Gustaba mucho la música y pensó que tal vez en una gran ciudad
Encontraría trabajo como músico municipal. Hacía ya rato que
Andaba con cansino paso, cuando a un lado del camino encontró
Un perro echado y jadeante, como fatigado por una larga carrera
- ¡Aaauu! ¡Se diría que estás cansado, amigo!
- Tú también lo estarías, si hubieses corrido
Como yo huyendo de un amo que quiere matarte
- ¿Matarte? ¿Y por qué? Pareces un buen perro
- Y lo soy, pero también viejo. Por eso estoy más débil cada día
Que pasa y ya no sirvo para cazar. Mi amo ha querido matarme y
Escapé a tiempo. Lo malo es que no sé de qué voy a vivir ahora
- No te apures, vente conmigo. Voy a Brema a ver si puedo encontrar
Trabajo como músico de la ciudad. Tú puedes ser también de la banda
Yo tocaré el bombo y tú golpearás los timbales. No es difícil
Bueno le pareció al perro el consejo, y se fue con
El burro. Iban los dos hacía rato por el camino
Cuando se encontraron con un gato de aspecto famélico
- Hola, minino. Pareces apurado. ¿Te pasa algo?
- Miau, claro que estoy apurado. Han querido matarme
Porque me vuelvo viejo y me gusta estar junto al
Fuego, en vez de ir corriendo en pos de los ratones
El burro y el perro se miraron comprensivamente
- Mi ama ha tratado de ahogarme. Suerte que pude escaparme
De sus manos. El apuro es que no sé dónde meterme ahora
- Bah, no te preocupes, yo te proporcionaré trabajo
- ¿Tú?
- Desde este momento te hago miembro de la banda de músicos que
Estoy formando. Servirás de mucho, eres maestro en música nocturna
Al gato le gustó la idea y se sumó a los otros dos animales
Prometiéndoselas muy felices, iban los tres andando muy pausadamente
Y así llegaron a la entrada de una gran finca campestre. Allí
En lo alto del portal, vieron a un gallo que cantaba sin cesar
Con todas sus fuerzas. El burro agitó molesto las orejas y rebuznó
- ¡Bueno hombre, bueno! ¡Calla ya, que tus
Cantos son capaces de dejar sordo a cualquiera!
- Más te lamentarías tú si te pasara lo que a mí me ocurre
- ¿Qué te pasa?
- ¿Qué te ocurre?
- Mi obligación es anunciar cada día la salida del sol, y lo vengo
Haciendo desde que pude alzar la voz. Pero el ama, porque mañana
Domingo tiene invitados a comer, ha dicho a la criada que esta
Noche me corten el cuello y enseguida me guisen. Por eso grito
Ahora con todas las fuerzas, ya que aún puedo hacerlo. ¡I-i-i!
- Tonto serás si te quedas. Anda, vente con nosotros. Nos vamos
A Brema a formar una banda de música. Tú tienes buena voz y puedes
Servirnos. Y, sobre todo, saldrás del apuro en que te hallas
- Claro que voy. ¡I-i-i!
Y hete aquí que los cuatro emprendieron el camino de Brema. Pero la
Ciudad estaba muy lejos, de modo que no pudieron llegar a ella aquel
Mismo día. Así que, al dar con un bosque, decidieron que aquel era
Un buen lugar para pasar la noche. El burro y el perro se tendieron
Al pie de un gran árbol, mientras que el gato y el gallo se
Encaramaban a las ramas, y este último todavía hizo más: se subió
Volando a lo más alto para ser el primero que viera el amanecer del
Nuevo día. Antes de dormirse, el gallo echó una mirada a los cuatro
Puntos cardinales, y eso hizo que
Descubriera a lo lejos una lucecita
- ¡Eh, amigos! Creo que diviso una casa. ¿No estaríamos mejor en ella?
- Por supuesto que sí. Aquí hace fresco
El perro dijo que comer unos huesos no le vendrían mal, y el gato, que
También le gustaría un poco de leche. Conque se pusieron todos en
Camino hacia donde brillaba la luz. Por fin, llegaron
A una casona sólida pero de mal aspecto. El burro
Que era el más alto y el de más experiencia de todos
Se acercó a una ventana y echó una mirada al interior
- ¿Qué descubres, querido burro?
- ¡Ay, amigos! ¡Vaya mesa la que hay ahí dispuesta! Menuda comilona
Nos daríamos. Pero... ¡vaya gente también la que está ahí sentada!
¡Son un hatajo de bandidos! ¡Esto es una cueva de ladrones!
Los cuatro animales se pusieron a deliberar sobre lo que debían hacer
Tenían mucha hambre y no estaban dispuestos a quedarse sin comer. Al
Fin y al cabo, los que allí estaban eran unos bandidos. No tardaron
En dar con la solución.El burro se colocó con las patas delanteras
En el antepecho de la ventana, el perro montó sobre la espalda del
Asno, el gato se subió encima del perro y finalmente el gallo se
Colocó en un vuelo sobre la cabeza del burro. Una vez así dispuestos
En cuanto el asno levantó la cola, los cuatro lanzaron sus voces
Formando una espantosa música. El burro se puso a rebuznar, el perro
A ladrar, el gato a maullar y el gallo a lanzar sus quiquiriquís
Y todos a un mismo tiempo. Y por si todavía fuera poco, acto seguido
Se precipitaron por la ventana rompiendo todos los cristales y
Armando un estrépito de mil demonios. Todo aquel ruido hizo que los
Bandidos se levantaran presos de pánico y que echaran a correr con
Toda su alma en dirección al bosque. Les parecía que el mundo se les
Venía encima. Muy contentos por el éxito obtenido con su estratagema
Los cuatro compañeros se sentaron a la mesa y se dieron la gran
Comida con las sobras que allí encontraron. Luego, hartos, apagaron
La luz y buscaron un sitio donde pasar la noche. El burro encima de
La paja, el perro detrás de la puerta, el gato junto a las brasas del
Hogar y el gallo en una viga. Y como todos estaban muy cansados por
La larga caminata del día, pronto quedaron profundamente dormidos
Sería ya media noche cuando los ladrones se recuperaron lo bastante
Del pánico para poder comenzar a volver a pensar. Les ayudó a ello el
Que todo pareciera tranquilo y no se viera luz en la casa. Capitán
Nos hemos asustado demasiado pronto. Deja que vaya a ver qué ocurre
El bandido obtuvo el permiso de su capitán y se encaminó
Cautelosamente hacia la que hasta entonces había sido su guarida
Como lo vio todo quieto y silencioso, decidió entrar en la cocina
Para encender luz. Los brillantes ojos del gato le hicieron creer
Que se trataba de brasas encendidas y aplicó a ellos una pajilla
Para que se encendiese. El gato no se anduvo con chiquitas, le saltó
Al rostro bufando y clavándole las uñas. Asustado, el bandido echó
A correr hacia la puerta y entonces el perro se levantó de un salto
Y le mordió en una pierna. Esto le hizo ir a parar a donde estaba
El burro, que le soltó una coz que lo echó fuera de la casa. Al
Mismo tiempo, despertado por el barullo, el gallo soltaba en su
Sobresalto un poderoso... Como alma que lleva el diablo, llegó el
Ladrón hasta donde le aguardaban el capitán y el resto de la
Pandilla. Y cuando el primero le preguntó a qué se debía tanto
Alboroto, el vapuleado bandido aseguró: Allí no podemos volver
Capitán. En la casa hay una bruja horrible que me ha soltado un gran
Bufido y arañado con sus largas uñas. Y en la puerta, un hombre que
Me ha atizado una cuchillada en una pierna. Por si fuera poco, un
Enorme monstruo me ha aporreado con un gran mazo, mientras
Que en lo alto de la casa un juez se ha puesto a gritar
Traedme ese bandido aquí, traedme ese bandido aquí. Aún no sé
Cómo pude escapar. Este relato asustó mucho a la cuadrilla
De bandidos que decidieron no volver jamás a la casa. Y de
Este modo, los músicos de Brema se encontraron dueños de la
Vivienda. Y tan a gusto en ella que ya no quisieron abandonarla