Érase un niño travieso que pasaba los ratos que la escuela le
Dejaba libres en el taller de su abuelo mirando como éste hacía
Juguetes de plomo. Un día, mientras el abuelo estaba distraído
Cogió de un molde un pellizquito de plomo. El resultado fue
Que de los 25 soldados que salieron de aquel molde, a uno le
Faltaba una pierna. -¡Vaya, vaya, qué mala suerte! Me parece que
Calculé bien la cantidad de plomo. Oye, ¿has tocado tú el molde?
Pero el niño se había escondido y miraba asustado al pobre
Soldadito que se mantenía muy firme sobre su única pierna
-Por lo menos está tan derecho como los demás. Bueno
Lo pondré entre sus compañeros y lo dejaré como bueno
Poco después, un hombre muy bien vestido
Entró a comprarlos para sus hijos
Al día siguiente, unos gritos de alegría despertaron a
Los soldaditos que dormían tranquilamente en su caja
-¡Qué bien, qué bien, qué ilusión! Soldaditos de plomo
Uno, dos, cuatro, seis, ocho, diez, once, doce, catorce
Dieciocho, veintitrés, veinticuatro, veinti... ¡Uy
Pobre! A éste le falta una pierna. Me parece muy valiente
Lo colocó junto con los demás sobre una mesa en la que había muchos
Otros juguetes, precisamente frente al más bonito, un hermoso
Castillo de cartón por cuyas ventanas podían verse los salones
Delante, rodeado de árboles, se veía un estanque formado por un
Espejo en el que nadaban unos elegantes cisnes de cera. Pero lo
Más encantador era la señorita que estaba a la entrada del castillo
Llevaba un vestido de muselina blanca, una cinta de seda azul sujeta
Al hombro y sobre el pecho una rosa de lentejuelas tan grande como
Su cabeza. Tenía una pierna en alto porque era bailarina, pero
El soldadito pensó que la damisela sólo tenía una pierna como él
-¡Ah, ya era hora de ver caras nuevas!
Además, son unos soldados elegantísimos
-¡Oh, ésta es la mujer que me convendría! Pero vive en un
Castillo, y yo sólo tengo una caja que he de compartir
Con otros veinticuatro. No es lugar adecuado para ella
Por la noche, cuando reinaba el silencio más absoluto, los juguetes
Empezaron a divertirse por su cuenta jugando a visiteos, a peleas
Los polichinelas daban saltos mortales, el pizarrín se divertía con
La pizarra, y con el barullo se despertó el canario y empezó a
Recitar poesías. Sólo el soldadito estaba quieto, mirando a la
Damisela que daba vueltas sobre su único pie. De repente, la caja que
Estaba junto al soldadito se abrió y un muñeco de resorte, feo y
Negro, salió dando saltos y empezó a
Reírse balanceándose sobre su muelle
-¡Ja, ja, ja, ja, ja, ja! ¡Mira qué facha tienes! Eres el
Juguete más ridículo que he visto en mi vida. Ja, ja, ja, ja, ja
El soldado de plomo fingió no oírle
-Pareces tonto. Tonto, tonto, tonto. Está bien, verás mañana
Al día siguiente, los niños colocaron al soldado sobre el alféizar
De la ventana. Repentinamente, empujada por el muñeco o por el
Aire, ésta se cerró y el soldadito cayó a la calle quedando
Clavado boca abajo con la bayoneta hundida entre los adoquines
-¡Ay, Dios mío, qué caída! ¡Uy, me siento magullado! Y es
Incomodísimo estar cabeza abajo. ¡Ah, empieza a llover y voy a
Mojarme! Pero creo que sería poco digno gritar yendo de uniforme
-¡Tú, mira, un soldado de plomo!
-Le falta una pierna y está medio despintado
-Vamos a meterlo en una barca
Hicieron una barca de papel y dejaron al soldadito en ella
A merced de la corriente que se había formado en el arroyo
-¡Qué horror! ¡Qué olas! ¡Y qué corriente tan impetuosa!
Esta barca no para de subir y bajar dando topetazos
Seguía manteniéndose firme con el arma al hombro
La corriente le arrastró hacia una boca de desagüe
Negra como la caja en que había estado encerrado
-¿A dónde iré a parar? Toda la culpa la tiene aquel muñeco
¡Oh, si al menos aquella damisela estuviera a mi lado!
Entonces, salió una rata que vivía en la
Alcantarilla gritando al infeliz muchacho
-¡A ver, dame el pasaporte! ¡Detenedlo! ¡Cajas, maletas, detenedlo
Que no ha pagado los derechos de
Entrada ni quiere enseñar el pasaporte!
La corriente era cada vez más impetuosa y el soldado vislumbraba
Ya la salida de la cloaca por la luz que penetraba. Al salir
Fue arrastrado hacia una cascada peligrosísima. La barca se
Mojaba y se deshacía. El soldadito se fue hundiendo, hundiendo
Hasta que el agua se cerró sobre su cabeza y quedó echado en el
Fondo del río. Un pez grande se lo tragó y se alejó con él
Corrieron mucho hasta que el pez se quedó quieto. De repente, se
Produjo un relámpago. Apareció la luz del día y una voz exclamó
-¡Oh, el soldado de plomo! ¡Niños, niños, fijaros dónde ha
Aparecido vuestro soldadito! ¡Dentro del pescado que estaba
Limpiando! Tomad. ¡Oh, Santo Dios, qué cosas pasan en este mundo!
El soldadito se encontró de nuevo entre sus compañeros
En la misma habitación, sobre la misma mesa y
Frente a la bailarina, que lo miraba asombradísima
-¡Oh, estoy tan, tan emocionado que las lágrimas me saltan
De los ojos! Pero, pero llorar es impropio de un militar
No dejaba de mirar a la señorita del castillo. Pero de pronto
El niño más pequeñito lo cogió y sin la menor explicación lo
Tiró al fuego. Entre las llamas, el soldadito se iba derritiendo
Mientras se despedía en silencio de la bailarina. Entonces, se
Abrió la puerta y una ráfaga de aire cogió a la damisela que
Volando como una sílfide, fue a parar a la chimenea y allí quedó
Envuelta en llamas junto al soldado. Al día siguiente, cuando la
Criada limpió la ceniza del hogar, encontró un corazoncito de
Plomo. De la bailarina sólo quedaban las lentejuelas de la rosa